Él se rió; luego la tumbó de espaldas y se inclinó sobre ella.
– Katie… -susurró justo antes de adueñarse de su boca.
Pasaron la noche juntos y se despertaron temprano, se ducharon y descubrieron nuevas diversiones usando agua caliente y jabón. Katie se descubrió inclinada hacia delante, con los brazos apoyados en la pared de azulejos y el agua cayéndole sobre la espalda, mientras Jackson, arrodillado entre sus muslos, la hacía temblar usando labios y lengua. Ella le devolvió el favor. Cuando por fin salieron del cuarto de baño lleno de vapor, Katie tenía hambre y agujetas, pero hacía años que no se sentía tan bien.
Quizá nunca se hubiera sentido mejor.
Al echar una rápida ojeada al reloj de la mesilla de noche, vio que ya eran más de las nueve.
– Aunque me gustaría pasarme el día jugando contigo, tengo que vestirme -le dijo a Jackson-. Tengo cosas que hacer. El ensayo es esta tarde y la cena esta noche.
Él la besó en la nariz.
– Voy contigo.
Ella lo miró parpadeando.
– ¿Con mi familia?
– Claro. Les distraeré con mi encanto y mi humor.
Katie tocó su pecho desnudo.
– O podrías quitarte la camisa. Así distraerás a las mujeres.
– No quiero que la tía Tully se haga ilusiones.
Ella acercó la boca a su hombro.
– Yo tampoco. Sospecho que ningún hombre vuelve a ser el mismo después de conocer a la tía Tully.
Estaban riéndose aún cuando alguien llamó a la puerta.
– ¿Katie? ¿Todavía estás ahí?
Katie hizo una mueca.
– Mi madre.
Él recogió su ropa y se metió en el cuarto de baño.
– No haré ruido -prometió.
– Gracias.
Katie dejó la toalla sobre la cama, se puso la bata y cruzó la habitación.
– Hola, mamá -dijo al abrir la puerta. Su madre arrugó el ceño.
– ¿Todavía no te has vestido?
– Bueno, es que… no he dormido mucho esta noche.
– Yo tampoco. Con tanto estrés… Júrame que, cuando te cases, la boda no durará cuatro días.
– Te lo prometo. No es mi estilo.
Su madre se dejó caer en la silla del rincón y se frotó las sienes.
– Esto es una pesadilla. La tía Tully ha intentado ligar con Bruce y nadie está seguro de si él aceptó o no. Alex está desaparecido y Courtney tiene dudas. Nunca he sido partidaria de los tranquilizantes, pero estoy pensando que tal vez hoy sea un buen día para empezar a tomarlos.
Katie la miró fijamente. Bruce era el padre de Alex. Y estaba casado.
– ¿Crees que la tía Tully se ha acostado con el padre del novio?
– Sinceramente, prefiero no pensarlo.
– A su mujer no le habrá hecho ninguna gracia.
– Pues no. Digamos que he pedido al personal de la cocina que mantenga vigilados los cuchillos hasta que todo esto se aclare. Esta mañana hubo una bronca espantosa a la hora del desayuno. Deberías haberlo visto.
Katie pensó en lo que habían hecho Jackson y ella a la hora del desayuno.
– Sí, es una lástima -murmuró, intentando no sonreír. Con sólo acordarse, sentía un hormigueo en todo el cuerpo.
Se sacudió aquel recuerdo y se concentró en lo más urgente.
– ¿De veras ha desaparecido Alex?
– Nadie lo ha visto desde la fiesta. Al parecer estaba borracho.
Katie se acordó de la visita que había hecho a su habitación.
– Eh, mamá…
– ¿Qué?
– Se pasó por aquí. Dijo que quería a Courtney, pero que le apetecía acostarse conmigo.
Esperaba que su madre pusiera el grito en el cielo, pero Janis se limitó a cerrar los ojos y a recostarse en la silla.
– ¿Mamá?
– Me estoy imaginando en otro lugar. Un lugar tranquilo, con un riachuelo y pajaritos piando. Me he fundido con el universo.
– ¿Puedes fundirte con el universo mientras buscas al novio?
Su madre abrió los ojos.
– No, pero tienes razón. La boda es lo primero. El colapso nervioso ya vendrá después -respiró hondo-. Sé que ésos dos se quieren de verdad. Lo he visto y lo he oído, y me lo creo. Es sólo que son unos teatreros. El coche de Alex sigue aquí, así que tiene que estar en alguna parte. Puede que se fuera al bosque a dormir la mona.
– O puede que se lo haya comido un oso. ¿No has dicho que Courtney estaba teniendo dudas? Si el novio muriera prematuramente, ella sería el foco de atención sin necesidad de boda.
Janis tensó la boca.
– No seas mala.
– Sólo es un decir.
Su madre se levantó.
– Está bien. Yo me ocupo de la tía Tully y de Bruce. Dejaremos que Courtney haga mohines en su cuarto. Cuando era pequeña le encantaba enfurruñarse, y no ha cambiado. Tú ve a buscar a Alex -entornó los ojos-. ¿No seguirás enamorada de él? Porque, si es así, no quiero que estéis juntos.
Katie pensó en el hombre delicioso que esperaba en el cuarto de baño. En cómo se sentía cuando estaba con él.
Jackson la escuchaba y la valoraba. Y era un mago en la cama. Listo, divertido, encantador.
– He superado completamente lo de Alex. Es historia. Lo es desde hace meses.
– Bien. Entonces encuéntralo e intenta hacerle entrar en razón. Usa la fuerza, si es necesario. Mañana habrá boda. Juro que la habrá.
– ¡Adelante, mamá!
– No te burles de mí. Estoy al borde de una crisis -su madre le dio un rápido abrazo y la besó en la mejilla-. Gracias por ser normal.
– De nada.
Cuando su madre se marchó, Jackson salió del baño. Ya se había vestido.
– Parece que estás a salvo de la tía Tully -le dijo Katie-. Se ha buscado a otro.
– Sí, eso parece. ¿De veras crees que se ha acostado con el padre del novio?
– De ella soy capaz de creerme cualquier cosa.
Él hizo una mueca.
– Menudo lío se va a montar.
– Como siempre.
Él la agarró de la mano.
– ¿Quieres que te ayude a buscar a Alex? ¿Divide y vencerás?
– Sería estupendo. Me pido la cocina y los pisos de abajo.
Él asintió.
– Voy a ponerme unos vaqueros y salgo a buscarlo por el jardín.
– Ten cuidado con los osos. Eres tan mono que seguro que irán detrás de ti.
– Ningún hombre quiere ser «mono».
Ella sonrió.
– Pues a ti te sienta bien.
– Tú, que me ves con buenos ojos.
Jackson la besó y se marchó. Katie se quedó allí, en bata, pensando que aquélla era seguramente la mejor boda del mundo.
Capítulo 7
Lo de «divide y vencerás» podía tener sentido, pensó Katie media hora después, cuando bajó a la cocina. Pero el plan tenía un fallo. Un fallo pelirrojo y de largas piernas, con una boca perfecta y capacidad para pensar en una sola cosa.
– Eres de la boda, ¿no? -preguntó Ariel cuando Katie entró en la cocina.
La ex de Jackson estaba junto a una encimera, montando con todo cuidado un pastel de boda de cuatro pisos. Todas las capas estaban recubiertas de nata. Había varias bandejas con flores de color amarillo y rosa pálido, y algunas hojas de papel llenas de puntos plateados.
– Sí. La que se casa es mi hermana.
– Bueno, ¿y qué sabes de Jackson? Te vi con él. ¿Sois amigos?
Katie pensó en el beso íntimo que le había dado Jackson esa mañana, en la ducha. En cómo había apretado la boca abierta contra la parte más sensible de su cuerpo. No había ni un solo centímetro de su piel que no hubiera tocado o saboreado. La había hecho gozar de formas que rozaban lo ilegal.
– Somos amigos -dijo, confiando en parecer tranquila y ligeramente indiferente. Su instinto la impulsaba a arañar la cara a Ariel, pero tal vez ella se resistiera. Y, además, había que pensar en la tarta.
– ¿Está…? -Ariel respiró hondo-. ¿Está con alguien? Antes salíamos juntos. Lo dejé porque fui tonta. Ahora me doy cuenta de que estábamos muy bien juntos. Jackson es fantástico, y yo la cagué. Cometí un error. Quiero que vuelva -las lágrimas llenaron sus perfectos ojos almendrados. A ella no se le ponía la nariz roja, ni se le llenaba de manchas la piel cuando lloraba, pensó Katie con amargura.
Tenía ganas de decirle que Jackson estaba con ella. Que prácticamente estaban enamorados. Porque lo…
El mundo pareció detenerse de golpe. Había oído aquella expresión, la había leído, pero era la primera vez en su vida que la sentía. Todo dejó de moverse. Se hizo un silencio total. Hasta su corazón se quedó callado.
¿Prácticamente enamorados? No podía estar enamorada. Apenas conocía a Jackson. De acuerdo, él era todo lo que deseaba, además de bueno, divertido y amable. Había aceptado ser su pareja durante el fin de semana porque se lo había pedido su madre.
Si Jackson era todo lo que buscaba y tenían una química asombrosa en la cama, y él la hacía sentirse como una diosa, ¿era ilógico suponer que cupiera posibilidad de que se estuviera enamorando de él? ¿Absurdo, quizá, pero posible?
El mundo volvió a ponerse en marcha.
– ¿Estás bien? -preguntó Ariel.
– Sí -murmuró Katie, aturdida-. Eh… No sé nada sobre su vida amorosa -estaba diciendo la verdad. Con excepción de su relación con ella.
Aunque estaba segura de que Jackson no tenía novia formal; si no, su madre no le habría pedido que fuera a la boda, ignoraba si tenía alguna amiga. Que ella supiera, podía haber un montón de mujeres haciendo cola, esperando su regreso.
Ariel suspiró.
– Quiero hablar con él. Explicárselo. Quiero recuperarlo. No puedo creer que fuera tan tonta. Un tío como Jackson no se presenta muy a menudo.
– No, tienes razón -dijo Katie mientras retrocedía hacia la puerta-. No habrás visto al novio, ¿verdad?
– No. Sólo a tu madre. Es muy simpática.
– Eso pensamos todos. Gracias.
– Deséame suerte con Jackson.
Katie se despidió con un ademán y salió de la cocina. Aturdida, entró en el vestíbulo y salió luego a la luz radiante de la mañana.
Se estaba enamorando del hombre con el que su madre había intentado emparejarla mil veces. Eso sí que era irónico. Pero más desconcertante aún era no tener ni idea de qué sentía Jackson. Preguntárselo estaba descartado. Se negaba a ser una de esas chicas odiosas que querían hablar de matrimonio a la segunda cita. Estaba acostumbrada a ocultar sus sentimientos. ¿Por qué había de ser distinto esta vez?
Miró hacia el hotel. Tal vez porque Jackson era distinto, pensó. O quizá no. Quizás estuviera dándole demasiada importancia a una sonrisa maravillosa, y a un sexo aún mejor.
Jackson no tuvo que ir muy lejos para encontrar al novio. Se había quedado dormido en un banco, dentro de una caseta que seguramente se usaba para guardar los esquís en invierno.
Jackson lo zarandeó un par de veces. Alex gruñó, se dio la vuelta y parpadeó, soñoliento.
– Hola -dijo con voz ronca-. Yo te conozco. Has venido a mi boda. Echo de menos a Courtney. Es fantástica. ¿Te has fijado en lo fantástica que es?
– Es asombrosa, sí -le dijo Jackson-. Y mañana vas a casarte con ella.
Alex se levantó lentamente.
– Lo sé. Es preciosa y todo eso, pero puede ser muy egoísta y eso me saca de quicio. Luego pienso en no estar con ella, y me cuesta respirar. ¿Qué crees que querrá decir?
– Estás nervioso por la boda -dijo Jackson con firmeza-. Es normal. Tienes que concentrarte en lo que más te gusta de Courtney, en lo que sentías cuando le pediste que se casara contigo. En aquel momento estabas seguro de que juntos seríais felices para siempre. Recuerda eso ahora.
Alex parpadeó varias veces.
– Eso es muy profundo, tío.
– Soy un profesional con experiencia -dijo Jackson, mintiendo sin problemas-. Tienes que levantarte y volver al hotel. Dúchate, aféitate y toma un montón de café. Luego ve a buscar a Courtney y dile lo mucho que la quieres. Después tendrás que vértelas con tu madre. Es posible que tu padre se haya acostado con la tía Tully.
La mirada de Alex se volvió vidriosa.
– ¿Que ha hecho qué?
Jackson lo ayudó a levantarse.
– Tu madre te contará los detalles. ¿Te acuerdas de lo que tienes que hacer?
– Ducha, afeitado, café, Courtney y mamá. Lo tengo.
– Estupendo.
– Entonces, ¿eres psiquiatra? -preguntó Alex cuando salían de la caseta.
– Algo parecido.
– Katie tiene suerte por tenerte. Se merece a alguien genial.
– Lo sé.
– No como yo.
– Eso parece.
Alex suspiró.
– A ella también la echo de menos.
– No está en tu lista.
– Lo sé.
Jackson lo vio alejarse hacia el hotel. Cuando Alex desapareció dentro, él se quedó allí, preguntándose hasta qué punto sería desastrosa la boda.
Capítulo 8
– ¿Por qué cree Alex que eres psiquiatra? -preguntó Katie esa tarde, cuando iba con Jackson hacia el salón donde iba a celebrarse el ensayo.
– Le di un consejo y sacó conclusiones.
– Es lógico -ella sonrió-. No le va a hacer ninguna gracia descubrir la verdad.
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