– Creo que deberías pedirle que te ponga tan guapa como ella. Seguro que le gustará.
Bailey asintió.
– Mi madre es la mejor.
– Estoy completamente de acuerdo.
– Hay demasiadas visitas -dijo la enfermera con firmeza-. No puede haber tantas personas al mismo tiempo en una habitación.
Reid se acercó a la enfermera, una mujer de unos cincuenta años, y sonrió.
– Pero es mi hermana. Estaremos muy callados y, si aparece la jefa de enfermeras, nos esconderemos debajo de la cama, ¿de acuerdo?
Dani observó a Reid Buchanan obrar su magia. La enfermera le fulminó con la mirada durante un par de segundos más y después pareció relajarse.
– De acuerdo, pero tienen que estar muy callados. Si mi jefa se entera…
– Jamás se enterará -le prometió Reid, y la enfermera se marchó.
– Increíble -susurró Dani.
– Estoy completamente de acuerdo -se sumó Lori mientras le tomaba a Dani el pulso-. Es un genio. Con él, lo único que tengo que hacer es permanecer en un segundo plano y esperar -Lori hablaba con la confianza de una mujer que se sabía amada. Le soltó a Dani la muñeca-. Sobrevivirás.
– ¿Es que había alguna duda?
– No, pero quería asegurarme.
Lori se acercó a Reid, algo realmente complicado en aquella habitación abarrotada. Había ido a ver a Dani toda la familia, Gloria incluida, y también estaban Katherine y parte de sus hijos. Los únicos que faltaban eran Mark, Alex, y los tres Canfield más pequeños.
– Hola, soy Julie.
Dani se volvió hacia la atractiva joven que acababa de acercarse a la cama. Era una mujer pequeña, con el pelo negro y rizado y la piel de color café.
Dani sonrió.
– La segunda hija de los Canfield, que está estudiando psicología en la universidad, ¿lo he dicho bien?
– Lo has dicho perfectamente. Siento que no nos hayamos conocidos antes. He oído hablar muy bien de ti. Y la verdad es que fue divertido enterarme de la vida sexual de mi hermano a través de la prensa. Voy a tener un motivo para burlarme de él durante el resto de mi vida.
Dani hizo una mueca.
– Me gusta tu actitud. Y creo que a mí no me vendría mal tomármelo de la misma manera. Todavía me entran ganas de esconderme en un agujero cuando me acuerdo.
– No puedes permitir que esos canallas te hundan. Yo no lo permito -Julie señaló a Gloria-. ¿Es tu abuela?
– Sí.
– Una mujer dura y fuerte. He leído algo sobre ella. Sé que levantó un imperio de la nada. Ahora mismo estoy haciendo un trabajo sobre mujeres emprendedoras para una de las asignaturas en las que estoy matriculada. ¿Crees que podría entrevistarla?
– Lo que creo es que mi abuela se sentiría muy halagada.
– Genial. Encantada de conocerte. Espero que te pongas bien.
Julie se acercó a Gloria, que estaba hablando en aquel momento con Katherine.
Dani volvió a apoyar la cabeza en la almohada. Walker se acercó a la cama y le dio un beso en la frente.
– He hablado con uno de los policías. Han atrapado a los tres chicos y tendrán que ir a juicio. Supongo que ésa es una de las ventajas de tener un senador en la familia.
– Me alegro, porque si no hubieran presentado cargos contra ellos, habrías sido capaz de matarlos.
Walker se quedó mirando fijamente a su hermana.
– No, no soy capaz de hacer algo así.
– Pero habrías estado a punto de hacerlo.
– Eres mi hermana.
Algo que estaba significando mucho para ella últimamente, porque sabía que implicaba una conexión muy especial y toneladas de cariño. Katherine tampoco se había separado de ella, seguramente para intentar reparar su mentira sobre Fiona. Pero en cuanto tuviera oportunidad de quedarse a solas con ella, Dani quería explicarle que era cierto lo que le había dicho, que la comprendía y la perdonaba. Además, estaba más afectada por la reacción de Alex. ¿Por qué no se habría defendido con más vehemencia? ¿Por qué habría renunciado a ella tan fácilmente?
Tres horas después, todavía no tenía la respuesta para aquellas preguntas, pero por lo menos podía formulárselas en silencio. Las enfermeras habían conseguido echar a todo el mundo para que ella pudiera descansar. En aquel momento permanecía tumbada, con los ojos cerrados y preparándose para dormir, pero entró alguien en la habitación.
Abrió los ojos y vio a Alex al lado de la cama.
La única luz que había en la habitación era la que procedía del pasillo, de modo que su rostro estaba en sombras. Dani no podía distinguir su expresión, pero, en cualquier caso, se alegraba de que hubiera ido a verla. Estaba exultante, de hecho. Al fin y al cabo, eso tenía que significar algo, ¿no?
En lo que a Alex concernía, pensó, no tenía remedio. En cuanto le tenía delante se comportaba como una mujer débil y desesperadamente enamorada.
– Cómo te han dejado el ojo -dijo Alex mientras le acariciaba el pómulo con infinita delicadeza.
– Pues deberías ver cómo ha quedado el otro tipo.
Alex no sonrió. Se inclinó hacia delante y la envolvió en sus brazos. Unos brazos fuertes, cálidos, que le hicieron sentirse completamente segura, a salvo.
– Maldito hijo de perra… -musitó Alex contra su hombro.
Dani se aferró a él.
– Supongo que eso debo tomártelo como un insulto contra esos tipos. Espero que no tenga nada que ver con mi falta de maquillaje.
Alex la soltó y acercó una silla al lado de la cama. En cuanto se sentó, le tomó a Dani las dos manos.
– Cuando me he enterado de lo que había pasado no me lo podía creer -le dijo-. Me gustaría preguntarte que si estás bien, pero supongo que es una pregunta estúpida. Cómo vas a estar bien en estas condiciones.
– Claro que estoy bien -contestó-. Todavía un poco asustada, pero bien. Sobre todo teniendo en cuenta que no he caído en coma, ni tengo una contusión ni nada de lo que supongo se puede esperar cuando a alguien le dejan en observación. Mañana por la mañana me darán el alta -se llevó una mano a la cara-. Y voy a tener una historia muy interesante que contar.
– Has tenido que pasar mucho miedo.
– La verdad es que creo que jamás en mi vida había estado tan asustada. Pero sobre todo por Bailey. Tenía mucho miedo de que la violaran.
– Pero les has dado bien. Todos están heridos.
– ¿Les has visto?
– Sí. Esos chicos tienen todo un historial de problemas. Nunca habían llegado tan lejos y tampoco han recibido grandes penas en los juzgados, pero esta vez no van a irse de rositas.
– ¿Bailey está bien?
Alex sonrió.
– La están tratando como a una auténtica heroína. Dice que no pasó miedo, que sabía que tú ibas a protegerla. Y cuando te pegaron, en lo único en lo que pensó fue en devolver el golpe -le apretó la mano con fuerza-. Incluso ha confesado que dijo algunas palabrotas.
Dani se echó a reír.
– Creo que le dijo a uno que era un cabeza hueca. Es un encanto. Me parece increíble que esos chicos pudieran ser tan crueles con ella. No puedes imaginarte las cosas que le dijeron.
– Todavía no han sacado ninguna ley contra la estupidez.
– Y hablando de estupidez -continuó diciendo Dani con la mirada fija en la manta que tenía sobre el regazo-, creo que yo también entro en esa categoría -se obligó a mirarle-. Me temo que Fiona consiguió engañarme.
Alex la miró a los ojos.
– No me estoy acostando con Fiona. No tengo ningún interés en ella. No voy a llegar tan lejos como para decir que la odio porque eso implica utilizar un gran nivel de energía que no me apetece malgastar con ella. Fiona no significa nada para mí, Dani, y quiero que lo sepas.
– Lo sé, de verdad. Y debería haberme dado cuenta. Además, debería haberte preguntado en vez de haberte acusado directamente.
– No, la culpa de eso la tengo yo. La acusación me pilló completamente desprevenido y me dejé llevar por el orgullo. Pensé que deberías haberme creído. Después me di cuenta de que en realidad nos conocemos desde hace muy poco tiempo, era lógico que creyeras lo que parecía más evidente.
– ¿De verdad?
¿Significaría eso que no iba a dejarla?
– Sí, de verdad -Alex se inclinó hacia ella y la besó.
– El problema fue que Fiona sabía muchas cosas sobre tu casa. Me habló hasta de cómo se encendía la chimenea de tu dormitorio.
– Porque había estado allí. Le fastidió tanto que la dejara que, cuando se enteró de que yo estaba interesado en esa casa, intentó quitármela. Lo más irónico del caso es que, después de la sentencia de divorcio, tendría que haberla pagado con mi dinero.
Dani suspiró.
– Jamás se me ocurrió pensar que podría haber visto la casa sin estar contigo.
– No, no lo sientas. Soy yo el que debería haber manejado la situación de otro modo. Lo del embarazo me dejó completamente desconcertado. No podía dejar de pensar en quién podía haber estado saliendo con Fiona. Tiempo después, comprendí que a lo mejor habías interpretado mi reacción como una forma de culpa o sorpresa.
– Algo así.
Alex volvió a besarla y Dani se deleitó en la caricia cálida y prometedora de su boca. Quería continuar besándole, pero teniendo en cuenta que estaban en un hospital y que todavía le dolía terriblemente la cabeza, probablemente no fuera muy buena idea.
– No quiero a Fiona, te quiero a ti.
– Buena respuesta.
– ¿Ya nos hemos arreglado?
Dani asintió e inmediatamente se llevó la mano a la cabeza.
– Tengo que dejar de hacer esto.
– ¿Y qué me dices de las encuestas? -preguntó de pronto Alex-. ¿Continúan preocupándote las encuestas?
– No lo sé. Tú eres el experto en eso, no yo. ¿Crees que es mejor ignorarlas?
– No puedes dejar que la campaña electoral dirija tu vida.
Sí, sonaba muy bien, ¿pero sería verdad? Mark era su padre. ¿No tenía que intentar ayudarle?
– No quiero estropearlo todo -admitió-. No quiero ser la razón por la que Mark no llegue a ser presidente.
– ¿Y por eso serías capaz de separarte de mí? -preguntó Alex.
Dani le miró atentamente, intentando averiguar lo que estaba pensando.
– ¿Quieres decir que no debería hacerlo? ¿Que si Mark te pidiera que no me vieras le dirías que se fuera al infierno? -se llevó la mano a la boca, arrepentida por la brusquedad de sus palabras-. Mark es tu padre, le debes lealtad por encima de todo, y éste es su sueño. ¿Crees que tenemos derecho a destrozárselo?
– Seguro que surgirán otros escándalos.
Pero hasta entonces, ella era el escándalo del momento.
– Pero esta noche no tenemos por qué pensar en ello -añadió Alex-. Ahora, descansa. Mañana por la mañana vendré para llevarte a tu casa.
– Estoy deseando salir de aquí.
Alex le dio un beso en la mejilla y se marchó.
Dani cambió de postura en la cama, intentando ponerse cómoda. La cabeza todavía le latía y sabía que le costaría conciliar el sueño a pesar de que estaba agotada. A lo mejor debería…
Alguien llamó a la puerta en ese momento. Alzó la mirada y vio a Mark entre las sombras.
– Todavía estás despierta -le dijo su padre.
– Sí.
– Estupendo. Estupendo -entró en el dormitorio y le sonrió-. ¿Cómo te encuentras? Tienes el ojo muy negro.
– Sí, ya lo sé. Antes me he mirado en el espejo y casi me he asustado.
– Te pondrás bien.
Por primera vez desde que se habían conocido, estaba a solas con él. Sin familia, sin colaboradores… sólo su padre. Y parecía menos impactante. Aun así, continuaba siendo un hombre atractivo y, para ella, un gran desconocido. ¿Sería siempre así? ¿Sería ésa la única relación que podría llegar a establecer con su padre? ¿Para ella siempre sería un personaje distante?
Mark se sentó en la silla que Alex acababa de dejar.
– ¿Necesitas algo? -le preguntó a Dani-. ¿Te tratan bien aquí?
– Me tratan estupendamente y estoy muy bien. Mañana podré volver a mi casa.
– Genial -Mark le palmeó el brazo-. Has salido en las noticias. Bailey y tú os habéis convertido en heroínas. Ha sido una noticia importante. Esperamos que esto nos permita ganar votos. Les hemos demostrado que nuestra familia tiene carácter. Seguro que volvemos a subir en las encuestas, sobre todo ahora que hemos filtrado que Alex y tú ya no estáis saliendo juntos. Ha sido curioso lo vuestro. Yo jamás os habría imaginado como pareja. Pero bueno, ahora ya ha terminado todo, por suerte.
Qué equivocado estaba. Alex y ella formarían una gran pareja. O, por lo menos, lo intentarían, por difícil que pudiera ser su relación.
Miró a Mark, a su padre. Sabía que no tenía nada que ver con todo lo que ella había imaginado. Pero era un buen hombre y tenía grandes proyectos. Quería ser presidente. La única ambición de Dani era llegar a dirigir el Buchanan's. ¿Quién era ella para interponerse en el futuro de un hombre como él?
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